2025 marcó un cambio significativo en la relación entre Estados Unidos y China, caracterizado por una escalada de tensiones económicas y un sorprendente cambio en la política estadounidense. Si bien los conflictos geopolíticos en Gaza, Ucrania y Venezuela dominaron los titulares, el acontecimiento más crítico para la seguridad nacional de Estados Unidos puede haber sido el intento de guerra económica contra China (y la enérgica contrarrespuesta de China).
La ofensiva inicial de Estados Unidos
La administración Biden, en sus últimos meses, impuso sus restricciones más agresivas hasta el momento al comercio internacional de chips semiconductores avanzados, dirigidas principalmente al acceso de China a tecnología de desarrollo de inteligencia artificial de alta gama. Esta medida surgió de preocupaciones generalizadas dentro de ambos partidos políticos estadounidenses de que Estados Unidos corría el riesgo de quedarse atrás de China en la carrera crítica por la supremacía de la IA, una competencia considerada central para la dinámica de poder del siglo XXI.
Cuando Donald Trump regresó al poder, la postura agresiva continuó. En cuestión de semanas, la administración impuso un arancel del 10% a China, citando supuestas fallas en combatir el comercio de fentanilo; esta cifra se duplicó rápidamente y finalmente alcanzó el 145%, lo que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió como “en la práctica, un embargo”.
La contramedida de China: armar los puntos de estrangulamiento
Sin embargo, la táctica estadounidense fracasó. Los aranceles del 145% provocaron inestabilidad en el mercado y temores de recesión, lo que obligó a una rápida reversión. A pesar de que China no hizo concesiones, los aranceles se redujeron al 20% después de una reunión entre Trump y Xi Jinping. Aún más significativo, la administración cambió de rumbo respecto de las restricciones a la exportación de chips, aprobando las ventas de los avanzados chips H200 de Nvidia a pesar de la oposición dentro del Partido Republicano.
China tomó represalias imponiendo sus propios aranceles del 125% y deteniendo las compras de soja estadounidense. Fundamentalmente, utilizó como arma su dominio en los metales de tierras raras –esenciales para las industrias automovilística, electrónica y de defensa de Estados Unidos– suspendiendo las exportaciones y creando un pánico inmediato cuando las empresas estadounidenses se dieron cuenta de que sólo tenían semanas de existencias. Esta medida, descrita por el senador Mark Warner como un momento de “mierda santa”, obligó a Estados Unidos a reconsiderar su estrategia.
El cambio en el equilibrio de poder
La respuesta de China demostró su capacidad para sostener la presión económica por más tiempo que Estados Unidos, aprovechando su sistema político autoritario y su planificación a largo plazo. Las restricciones a las tierras raras sirvieron como un crudo recordatorio de la dependencia estadounidense de las cadenas de suministro chinas, lo que obligó a revertir la política. Este no fue un incidente aislado. China ha estado construyendo sistemáticamente marcos legales para contrarrestar la percibida coerción económica estadounidense, reflejando tácticas estadounidenses como la “lista de entidades” y los controles de exportaciones.
Los acontecimientos de 2025 señalan un cambio fundamental en el equilibrio de poder. China ha demostrado que puede tomar represalias efectivas contra la presión económica estadounidense, lo que ha obligado a Estados Unidos a reconsiderar su postura agresiva. El futuro de las guerras comerciales es ahora incierto, y China ha dado señales de que seguirá utilizando su influencia económica como arma.
Estados Unidos está luchando por reducir su dependencia de las tierras raras chinas, invirtiendo en minería nacional y consiguiendo acuerdos con Australia y Arabia Saudita. Sin embargo, estos esfuerzos llevarán años y las armas económicas de China siguen siendo potentes. Los acontecimientos de este año envían un mensaje claro al mundo: la guerra económica es un juego de alto riesgo y China puede estar dispuesta a escalar más que Estados Unidos.



























